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February 22, 2003

Monólogos y diálogos

Antes había en Berlín siempre un tipo que monologaba en el metro. Uno en cada metro, o tal vez exagero un poco, en cada trayecto.
Tuve una amiga que hablaba sola de cuestiones sentimentales, pero en Berlín de lo sentimental apenas se habla, y mucho menos en monólogos públicos.
El monólogo del metro reflejaba una crisis de identidad nacional: se trataban los temas Este-Oeste, alemanes-extranjeros, nazis-izquierda radical, o los típicos complejos históricos de la Segunda Guerra Mundial.
Me parecía curioso porque en una ciudad tan histérica como Madrid: a quién se le ocurre monologar en público sobre temas de identidad nacional? Se insulta al alcalde y punto.
Luego disminuyó el número de tipos que hablan solos. No sé si se deberá a un recrudecimiento de los métodos psiquiátricos, que en Alemania son avanzados por un lado y casi punitivos por otro, o es que el teléfono móvil se adueñó de todas las palabras que pueden ser dichas en un vagón de metro. Ahora todo es más fácil. Si tienes un problema nervioso y eres consciente de él. Llevas el móvil en el bolsillo y, cuando te hablan las voces, te pones el teléfono en la oreja y así no llamas la atención.
Ayer por la tarde le estuve presentando una lectura de poesía a Ignacio Romero en un taller de artistas. Era su primera lectura. Intenté darle un par de consejos para intentar el diálogo con el público y funcionó fenomenal. Cuando acabó sus veinte poesías empezamos a pedirle otra, otra, como en un concierto y el muchacho reaccionó con la mayor naturalidad del mundo: se sacó otro poema del cuaderno. Y estaban bastante bien. Se trabaja el lenguaje. Luego el público comentó, habló, preguntó como tendría que hacer en otras lecturas, pero es algo que empieza a caer en desuso. Las editoriales traen a los autores como mandados, les dicen lo que tienen que leer. El que los presenta les hace dos preguntas. Se deja al público formulas otras dos preguntas como mucho y a vender libros.
Yo prefiero las lecturas como la de ayer, donde no vendimos nada, todos hablamos con todos y, despúés de la poesía, pasamos a charlar un rato con los artistas. Uno de ellos traís unos objetos de alambre bastante graciosos. Deice que venían un poco asustados por el chapapote.
Teresa D.

Posted by Teresa Delgado at February 22, 2003 11:45 AM
Comments

Hay que recuperar lo humano.
pedro

Posted by: Pedro Jiménez on February 23, 2003 11:08 AM
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